
Estamos en plena Aste Nagusia, una de las ferias más importantes del Norte de España.
A su ruedo gris han saltado imponentes toros con un trapío digno de premio, ese trapío que hace tan importante la lidia de un toro bravo.
Luego, cómo vamos viendo, saldrán de diverso juego, pero eso no quita la seriedad con la que los ganaderos llevan a la plaza de Bilbao lo mejor que tienen.
Después de los escándalos en plazas como Valencia o El Puerto, con mucho baile de corrales e incluso me atrevería a mencionar Málaga, por lo menos nos queda la esperanza de ver plazas como Vista Alegre o la de Pamplona,en las que el trapío es fundamental.
¿Quién no se alegra de ver en un ruedo cualquiera un animal tan bello en toda su esplendor cómo es un toro bravo?
Parece que últimamente se está olvidando un poco ese aspecto y no hay que obviar que el toro es el principal protagonista de tan bella fiesta.
Es algo que jamás se debería pasar por alto en las plazas de relevancia o máxima categoría, porque una faena hecha ante un toro con trapío siempre alcanza mayor importancia y es muchísimo más meritoria para el espectador e incluso para el mismo matador.
No pedimos el toro pasado de kilos, no pedimos tanta ¨leña¨en la cabeza del cornúpeta como para pasar un invierno, pedimos una armonía en cuanto a cuerpo y cornamenta basadas siempre en que el toro esté en su tipo, en su encaste.
Hay mucha gente que sigue confundiendo la famosa frase del ¨toro grande ande o no ande¨. Valga este texto para aplaudir a las plazas de toros que a día de hoy siguen apostando por el toro.
No hay que privar al aficionado de poder contemplar uno de los más bellos animales que existen en su plenitud ante un torero, ante la lucha a muerte de su existencia. Hay que tener el mayor de los respetos para dicho animal y dejarnos saborear la majestuosidad de ese bonito, toro bravo.
Amigos lectores, ¡sigamos defendiendo el trapío!.
Iván Colomer


