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  Toros Valladolid
Opinión

Moreno Silva

Publicado el 24 Octubre 2008 por Redacción

Si la fiesta gira en torno al toro bravo, de ello se deduce que el animal tiene que ser toro y además tiene que ser bravo. Cada vez se ven menos “toros” y la bravura escasea de modo alarmante, con lo cual se ha roto el binomio.

Cito textualmente palabras del que, según muchos, ha sido la persona que más ha sabido de toros en España, Don Luis Fernández Salcedo: “Nosotros, los aficionados antiguos, sabemos lo que es la bravura pero los recién allegados nos exigen que se la definamos y no les gusta nuestra definición, entonces nos ofrecen varias que no nos satisfacen y así llegan a decir aquello “que aún no se sabe lo que es la bravura”. Los aficionados bisoños llaman bravura a la bobaliconería, que no es precisamente lo mismo, aunque también empieza por b. Figuraos que alguien os dice: “he estado paseando por la Puerta de Alcalá, he tardado una hora en recorrerla de punta a punta, había árboles frondosos y un estanque encantador”. Pero ¿a qué llama usted la Puerta de Alcalá? “Pues a una finca propiedad del Ayuntamiento de 100 hectáreas y que linda con Menéndez Pelayo, Alcalá, Alfonso XII”. Amigo mío, eso es el Retiro, la Puerta de Alcalá está cerca pero es otra cosa ¡Usted lo ha dicho, está muy cerca, tan cerca que es difícil (por lo visto) distinguir uno de la otra!”

Erróneamente hoy se piensa que la bravura es sinónimo de nobleza, de suavidad , de dulzura, de fijeza y todos esos calificativos que provienen de los públicos e informadores de corte torerista. La bravura es fiereza, acometividad, agresividad, codicia, ganas de coger sin trampa, etc. Parece que se nos olvida que el toro no es un amigo del torero, ni tiene por qué colaborar con él. A lo largo de la historia de la tauromaquia , siempre o casi siempre, la presencia de un toro verdaderamente bravo lleva implícito el fracaso del torero.

Dicho todo esto, me gustaría rendir el más sentido homenaje de un humilde aficionado venteño a un ganadero que un buen día del mes de Septiembre nos hizo emocionar a todos los allí presentes, Don José Joaquín Moreno Silva. Tras la novillada hubo opiniones para todos los gustos pero nadie quedó indiferente sobre lo acontecido en el ruedo. Para unos la novillada fue excesivamente complicada, bronca, áspera, dura, para otros muchos fue como volver a revivir tiempos pasados, cuando la casta se hacía presente en el ruedo una tarde sí y otra también.

El caos se apoderó del ruedo, si los novilleros estaban completamente perdidos, más aún lo estaban los subalternos, sumamente reacios a pechar con los saltillos de Moreno Silva, remisos a hacer quites incluso a sus propios compañeros. El subalterno que más tarde resultara cogido, Roque de Vega, durante un momento quedó en el suelo junto al estribo del tendido 10 sin que ningún compañero se atreviera a hacerle el quite mientras el novillo se le quedó mirando durante varios segundos, lo que da prueba que tampoco eran tan maliciosos como algunos quisieron hacer ver a la opinión pública. Durante un instante, el público enfervoreció debido a que en el ruedo sólo estaban los dos picadores sin que ningún novillero o subalterno pisase el albero venteño debido al…………. ¿miedo, pánico?

Nada que decir en contra de los novilleros, a nadie le importó que devolvieran a los corrales al primer novillo de Valentín Mingo, por cierto que Florito nada pudo hacer para meterlo dentro y tuvo que ser el puntillero de la plaza el que pusiera fin al caos dándole muerte subido al estribo y desde el callejón. Tras el percance sufrido por el francés Camille Juan debido a un topetazo del novillo, lo que le ocasionó un traumatismo craneo encefálico con pérdida de conocimiento y la cornada sufrida al entrar a matar por el colombiano Moreno Muñoz, amén de otras contusiones y erosiones múltiples, el bravo Valentín Mingo tuvo que pechar con el resto de la novillada. Nadie echó en cara al novillero sus limitaciones técnicas delante de los novillos, nadie dijo nada en contra que se picara en exceso a los novillos, ¡había que ahormarlos!, la novillada tomó cerca de 20 varas, más de lo que se había pegado en ningún festejo de la Feria de San Isidro. El novillero conquistó los corazones de los que allí estábamos y nadie protestó una oreja que fue concedida desde el cariño del público, sabiendo que tenía delante unos bichos a la antigua usanza , unos bichos ante los que habrían fracasado lo más florido del escalafón novilleril y, sí, también hubieran sido ridiculizadas las figuras que todos conocemos y a las que todos vamos a ver.

A menudo era más el parecer que el ser, el pánico se apoderó del albero y de los tendidos, cuando a los novillos se les toreaba como mandan los cánones tampoco se comían a nadie, alguno incluso resultó noble y pastueño, tomando el engaño adelante y siguiéndolo hasta el final sin si quiera revolverse ni desarrollar sentido en exceso.

No cabe duda que la mala lidia a la que fueron sometidos influyó en el posterior comportamiento de los astados, lo cual debería poner a pensar a todos los estamentos de la fiesta sobre qué camino está tomando esto del taurineo, si en realidad estamos encumbrando a las alturas a ídolos de barro y sobre si es cierto, como muchos piensan, que hoy se lidia peor que nunca y que, si se torea con mayor belleza y despaciosidad es porque hoy estamos ante el toro más bobo y más colaborador de la historia de la fiesta. También deberían reflexionar aquellos novilleros y noveles matadores que vienen a la capital en busca de dar un golpe de suerte sobre la conveniencia de venir asistidos con subalternos de acreditada solvencia, fundamentales cuando corresponden en suerte animales como los presentados por Moreno Silva.

Los más viejos del lugar, aquellos antiguos aficionados que llevan viendo toros más de medio siglo comentaban en petit comité que lo visto aquella tarde era algo cotidiano 25 ó 30 años atrás pero en aquellos tiempos cualquier matador, novillero o subalterno sabía salir airoso del evento porque tenían recursos para hacerlo y porque estaban acostumbrados a torear aquel tipo de toro. “No hubiera sido una faena artística pero sí hubiera sido una faena solvente, lidiando a cada novillo de forma que se le sacara lo mejor de sí y se corrigieran sus defectos” decían unos, mientras los otros escuchábamos atentamente aquellas lecciones de sabiduría que provenían de algunos de los mejores aficionados de Madrid.

En estos tiempos los carteles son llamativos o no según quienes sean los coletudos de turno, pocos nos fijamos en el ganado. Desde aquí rindo un sentido homenaje a todos aquellos toros que me han hecho emocionar en la presente temporada: a Lanudo, el toro de Fuente Ymbro que tan buen juego diera en la concurso de Zaragoza; a Farolero, ese jabonero de Prieto de la Cal que tomara seis varas en Zaragoza; a Chumbero, ese toro de Escolar que formara el caos en Cenicientos y , cómo no, a esa sensacional novillada lidiada un 7 de Septiembre en Las Ventas del Espíritu Santo y que todos coincidimos en que tardaríamos mucho tiempo en volver a ver algo similar. No quisiera olvidarme de todos aquellos héroes que día tras día pechan con este tipo de ganaderías porque las figuras no quieren verlas ni en pintura, me refiero a toreros como El Fundi, Rafaelillo, Diego Urdiales y algunos otros.

José Carlos Rodríguez

Las Ventas. Madrid

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