Acabo de sentarme en mi mesa de despacho muy pensativo, muy preocupado y muy cabreado al mismo tiempo. Una mezcla de sensaciones que es difícil de describir, sobre todo porque el motivo de ello se debe a algo que es trivial, lógico, comprensible. O al menos, debiera serlo.
Enchufo la tele mientras ceno con el resto de mi familia. El orden de las noticas que se van sucediendo resultan acojonantes. Muy brevemente, las resumo:
Noticia nº1: Imágenes de niños que mueren de hambre todos los días.
Noticia nº2: Otra mujer más, muere en manos de su ex pareja sentimental, cuando éste ya tenía varias órdenes de alejamiento por varias palizas y agresiones.
Noticia nº3: Imágenes cargadísimas de violencia. Más de un centenar de personas enzarzadas en una batalla campal en un estadio de futbol, del que dos policías salen heridos por diversos golpes, patadas y puñetazos.
Así se fueron sucediendo unas cuantas más. Así, hasta que cambiaron de tercio, y adentraron de lleno en la famosa crisis.
¿Qué es lo primero que se me viene a la cabeza? Lo primero que pienso y comento con el resto de mi familia es lo mal que se encuentra en estos momentos la situación en nuestro país. Ninguna noticia que alegre la cena. Todas con la misma tónica: la desgracia, la tristeza, el dolor.
¿Y que es lo segundo que se me viene a la cabeza? Pues lo segundo que se me viene a la cabeza es que como cojones existe gente con tan poca vergüenza, y tan poco sentido común, que trata y aborda el tema de los toros como uno de los principales problemas que existen hoy en día, manifestándose, arremetiendo contra, no sólo la fiesta, sino contra todos los que la amamos, y dando más guerra que un cochino suelto. ¿Pero a dónde hemos llegado? ¿Qué pretenden? ¿A qué aspira esta gente? Es de tener muy poquito criterio, y de tener la cara más dura que el hormigón de alta resistencia, atacar, insultar, hasta me atrevo a decir, MANIFESTARSE, contra la fiesta de los toros, viendo como está el panorama actual.
O la gente tiene muy poca personalidad, o es que son genios, gente dotada de algo más, tocados por la varita mágica que les permite ver y entender algo, que solamente ellos entienden y quieren entender. Parece ser que, el que ataca la fiesta, el que se llama “defensor del animal”, (término que no entienden, desconocen y no saben aplicarlo, pues el aficionado al toro es el único y auténtico defensor del animal) va por ahí, como dicen en mi tierra, “pegant el colpet”.
Lo más gracioso del asunto, es que probablemente, mientras ellos cenaban viendo las noticias al mismo tiempo que las veía yo, se estarían chupando los dedos con una buena pechuga de pollo rebozada, un buen filete de ternera con salsa pimienta, una riquísima dorada al horno, o un entrecot al roquefort. Del mismo modo que yo lo estaba haciendo.
Ordenemos las cosas por su peso propio. Si algún día se solucionase todo lo que se debe solucionar, o se solucionase una mínima parte de todo ello, entonces podríamos empezar a hablar, de la lidia del toro bravo. Y digo podríamos, porque los aficionados podríamos empezar a escuchar todas las quejas y acusaciones referentes al mundo del toro, para, con un simple razonamiento, rebatir y ganar la partida de modo tajante. No hay más vuelta de hoja. Es tan simple como eso. La putada, es que hay gente, repito, o que tiene muy poca personalidad o son unos genios, que ven algo más allá que nosotros no vemos, y sólo lo ven ellos. Los tocados por la varita mágica.
Deberíamos actuar. De hecho, ya se ha empezado. Es el único camino, luchar por lo que queremos. Ya que hay alguien que nos lo quiere arrebatar, pues habrá que frenarle los pies.
Al final de la corrida, esto parece el mundo al revés. Y mientras tanto, se siguen sucediendo las noticias tristes, dolorosas, desagradables, donde el único culpable, y a la vez víctima, es el hombre. De puta madre.
Benjamín Torres Górriz.


