Corrida justa de presentación la de Antonio San Román, mansa , floja, noble y bondadosa, aunque algunos se dejaron más que otros.
Curro Díaz lanceó a la verónica al primero de la tarde en el tercio, la flojedad del toro conllevó un toreo a media altura con detalles esporádicos de buen gusto, alguna trinchera y sobre todo algunos pases de pecho, toreando algo despegado y sin calar en los tendidos. La segunda parte de la faena la basó en el pitón izquierdo del cual extrajo muletazos más largos que por el derecho pero embarcándolo por el pico y de manera no demasiado ortodoxa. El de San Román, manso y demasiado bonancible, se fue acabando y pidió la muerte, tanto que él mismo se la facilitó al torero echándose en el suelo. El cuarto no fue parado en ningún momento, lo cual dificultó la labor de Montoliú y compañía, los cuales no hicieron nada por mejorar la condición del toro y sí por agravar aún más sus defectos. Díaz logró algunos muletazos con el sello de la casa aunque con los mismos defectos que en su primero, el público se lo agradeció y le premió con una oreja.

No parece que Juan Bautista tenga intención de dar un giro de 180º a su carrera, a la aparente apatía que muestra habitualmente su cara se unió esta tarde la apatía y desgana de su muleta. Su toro fue uno de los más bonancibles de la corrida, un manso “pregonao” pero que se arrancaba de largo con alegría pidiendo que la muleta del francés se mostrara tersa a su paso.
No fue así, Bautista acortó distancias y no nos dejó ver esas arrancadas alegres del toro. Toreo despegado, a media altura, sin cargar la suerte, con exceso de pico y remates de pecho demasiado vulgares tuvieron como colofón unos estatuarios despegados y vulgares adornados con una bella trincherilla. Pinchazo y entera, ambas saliéndose fueron el balance final.
El quinto sufrió, al igual que el segundo, una mala lidia aunque esta vez el diestro se decidió a dar distancia al toro en vez de ahogarlo como en su primero. Los muletazos siguieron la linea de la anterior faena , pasaportó al astado de pinchazo y media de manera poco adecuada.

Daniel Luque puso las ganas y el tesón que faltaron a sus compañeros de cartel, en tiempos de crisis es el esfuerzo lo que cala en el gran público. Una vez más, la poca condición que tenía el toro fue agravada por una mala lidia de la que cabe destacar los delantales de recibo. El toreo de Luque fue de manos altas debido a la condición del toro, el cual le dio un revolcón sin importancia. El torero puso las ganas que le faltaban al toro, la parte final fue todo un tratado de encimismo más efectista que efectivo. El impresionable público de Valdemorillo le concedió una oreja tras una entera desprendida.
Luque recibió al sexto a la verónica, sacándoselo a los mismos medios de la plaza, algo que no es habitual de ver hoy día, terminando con una media y una chicuelina sucia. El joven torero acertó en dar al toro la distancia que pedía y dejando en contadas ocasiones que tocará el engaño, algo muy importante ya que el toro punteaba desde el inicio de faena. Una vez más no se decidió a bajar la mano debido a la flojedad del oponente, la faena terminó de igual manera que su primera, otro tratado de encimismo y porfía taurina delante de un toro que no quería más. Mató de entera desprendida y le fueron concedidas las dos orejas.
Lo anecdótico es si el premio fue o no excesivo, si lo fue en mi opinión, me quedo con las ganas de Luque y algún detalle artístico de Díaz. El tesón de Luque es el que le puede hacer subir peldaños en el escalafón a costa de otros toreros aquejados del virus de la apatía.
J.Carlos Rodríguez



