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Opinión

Un maestro con cara de niño

Publicado el 20 Febrero 2009 por Redacción

Tenía yo 11 años, cuando en el año 1991, un joven muchacho llamado Enrique Ponce debutaba en la Plaza de Toros de las Ventas, acompañado por Antonio Manuel Punta y Domingo Valderrama. De corta estatura y con carita de niño, vestía un terno rosa y oro con terminados en azabache. Su plasticidad y mando cautivaron al público de Madrid y solo el mal uso de los aceros privó al joven muchacho de un importante triunfo en su debut.

Tras finalizar el festejo, acudí acompañado de mis padres, al hotel FOXA, uno de los hoteles más taurinos de la capital de España. Allí, en uno de los salones del hotel, se encontraba el joven Enrique, el que hacía solo un par de horas había puesto en pie a la exigente afición de Madrid. ¿Quién me iba a decir a mí que aquel muchacho que apenas me llevaba unos años, aparentemente tan frágil y delicado, llegaría a convertirse en la máxima figura del toreo de los años venideros?

Pero los comienzos no son fáciles, y para él, tampoco lo fueron. Tomó la alternativa en Valencia, el 16 de marzo de 1990, de manos de José Miguel Arroyo “Joselito” y Miguel Baez “El Litri” como testigo. Sus dos siguientes compromisos, también en Valencia, sería en mayo y julio. Sus buenas actuaciones le hacen sumar contratos, siendo uno de ellos el de la confirmación de alternativa en Madrid el 30 de septimbre de ese mismo año, junto a Rafael de Paula y Luis Francisco Esplá.

Tuvo buenas actuaciones con corridas duras, incluso en San Isidro, pero sin duda alguna dos tardes catapultan a Ponce hacia la cima del toreo. La primera de ellas, en Bilbao, el 20 de agosto de 1991 donde corta dos orejas a un toro de Torrestrella. La segunda, más importante todavía, el 11 de junio de 1992, en Madrid, en la Corrida de Beneficencia, donde compartiendo cartel con Jose María Manzanares y Cesar Rincón, consigue abrir por primera vez en su carrera la Puerta Grande de Las Ventas.

Desde entonces hasta hoy, Ponce se ha convertido en el diestro con la cabeza más privilegiada que ha dado el mundo del toreo. Su técnica, su plasticidad, su valor, su ambición, su naturalidad, el conocimiento de los toros y sus comportamientos, el conocimiento de los terrenos, su mando y capacidad para hacer embestir al toro cuando parece que no le queda una sola embestida hacen que sus grandes faenas hayan dejado de ser acontecimiento por la gran regularidad con la que las realiza y por ello no hay una sola plaza en España, Portugal, Francia y América que se le haya resistido.

Poca gente se acuerda ya de las gestas realizadas por el torero de Chiva, pero Ponce se ha anunciado en Madrid con toros de Cuadri, Victorino y Dolores Aguirre, con Victorino en Valencia matando seis toros, con Miura en Linares, con Atanasio Fernández en Bilbao…

Han pasado casi veinte años desde que tomara la alternativa y todavía continua marcando ritmo y época. Su última gesta, el pasado 8 de febrero, en México, donde consiguió un rabo en su corrida 1900.

Muchos son sus seguidores y muchos sus detractores, pero por encima de eso, ese torero que sigue teniendo cara de niño se ha convertido en MAESTRO DE MAESTROS.

Iván González López

Las Ventas. Madrid

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