
Hoy escribe la crónica un aficionado. Aficionado y enamorado al toro. Al toro en todas sus diversas variantes. Al toro en plena libertad de la dehesa. Al toro en la plaza. Al toro en la calle.
Disfruto de verdad, cada vez que me desplazo al campo bravo, donde puedo contemplar y vivir la autenticidad del mismo, gracias a grandes amigos ganaderos con los que comparto una afición como esta.
Disfruto de verdad, cada vez que me desplazo hasta una plaza de toros para poder asistir a una corrida de toros, en la que toro y torero, amigos y enemigos, intentar bordar una obra de arte haciendo uso, uno de su técnica, poder, raza, entrega, valentía. Y el otro, movido por el secreto innato que llevan dentro desde el momento en que nacen: la bravura.
Disfruto de verdad, cada vez que veo, como una comisión taurina, o “penya taurina”, como decimos en Valencia, tan torista y que amamos todo esto, colabora y organiza un festejo taurino en la calle, más conocido como “bous al carrer”.
Y más aún disfruto de verdad, cuando es la comisión, de la cual soy su presidente, la encargada de realizar estos festejos. Las emociones a flor de piel, el esfuerzo de todo un año de trabajo y las ilusiones de 30 jóvenes, resultan patentes ese día. Toneladas de miedo. Montañas de valor.
Intentamos cuidar hasta el más mínimo detalle. Esperamos que todo salga como estaba previsto. Pedimos y nos aferramos, cada uno a sus creencias, para que no pasa nada grave ese día. Que los toros embistan mucho y bien. Y sobre todo, que la gente disfrute. De eso se trata.
No siempre salen las cosas. Hay cosas que por mucho que intentes planificarlas, por mucho mimo y cuidado que se les otorgue, quedan fuera del alcance de tu mano. Esos detalles, circunstancias, aspectos y situaciones son las que dejan a las comisiones jodidas. Jodidas y hundidas. Y más aún, si se trata de un tema como el que les cuento a continuación.
Nuestra comisión celebra sus festejos taurinos en los meses de verano. Para estos meses, y a pesar de ser relativamente pronto, ya tenemos adquiridos dos ejemplares de una prestigiosa ganadería, perteneciente a la UCTL. Dos toros muy serios y muy bien hechos. Sin ser ni grandes ni bastos, tienen el trapío de plaza de primera categoría, como nos gustan aquí a los valencianos. De diferentes pelajes y hechuras. Uno más bajo que el otro. Uno con más cara que el otro. El otro más larguito y con cuello. Pero los dos tienen su cosa. Un cartel precioso. Y muchos kilos de ilusiones depositados en los toros, y en la ganadería.
Tres meses más tarde desde la compra de los animales, nos desplazamos diferentes miembros de la comisión a ver los toros que habían sido adquiridos. Y cuál fue nuestra sorpresa cuando llegamos a la ganadería y pasamos al cercado de los cinqueños, donde aguardan los toros reseñados por la comisión, y de los cuales ya se había entregado una entrada en concepto de compra, y firmado el perceptivo contrato.
A uno de los toros le faltaban tres dedos de pitón. Sí señor. Tres dedos. Y no es que se partiera los pitones precisamente. No, no. El toro, que inicialmente llamaba la atención por su cara veleta y astifina, ahora llamaba la atención también por haberse convertido en astigordo, y con poca cara. Desde el coche donde veíamos al animal, se podía notar cierto olor a “after-shave”.
Menuda sorpresa. Menudo chasco. Y menuda desilusión. “Es que el toro se ha rascado”, fueron palabras del ganadero. Si, los cojones se ha rascado.
Los valencianos no nos hemos caído de un árbol. Al menos, yo no me he caído de un árbol. Y sé, que los aficionados valencianos, que al igual que yo, celebran sus festejos taurinos, tampoco. Está claro que el toro que viene a la calle, es el toro que no sirve a su criador para ir a la plaza. Por diversos motivos, pero no sirve. Por estar fuera de tipo, por ser hijo de un semental que no liga, por defectos de visión, por estar toreados o afeitados. Existen mil razones del porqué un toro que no es apto para la lidia en la plaza, puede venir a ser lidiado a la calle. Y el caso es que ese toro, el que no sirve para la plaza, a nosotros nos sirve. Y damos una buena salida a esos toros. Y a más de un ganadero le salvamos el año, puesto que si alguien no lo sabe, lo diré aquí y ahora: En Valencia, se han llegado a pagar cantidades millonarias por un toro de prestigiosa ganadería, que no ha sido válido para la calle. Que quede claro.
Me jode y me repatea la poca palabra de estos “ganaduros”. ¿Cómo es posible, que una persona que vende un toro a una comisión taurina, después de vender ese animal, decide meterlo en el mueco, y quitarle tres dedos de pitón, para que vaya a torearlo a puerta cerrada el torero de turno? Esto pasa en otro mundo, en otro tema, en otra situación, y el caso es de juzgado de guardia. Lo bueno es que el tío, con decir “Es que el toro se ha rascado”, se cree que me lo trago y aquí no ha pasado nada.
Yo he comprado toros afeitados. Y toros con defectos de visión. No digo que no. Y no digo que el ganadero tiene que vender el toro limpio para la calle. Lo que digo es que el ganadero debe vender el toro, y debe venderlo con la verdad por delante. Joder. Como se tienen que hacer las cosas. “El defecto del toro es este”. Y con eso, basta. Con decir la verdad, basta. Si tampoco es tan difícil. Se trata únicamente de ser hombres y vestirse por los pies. Y por supuesto, si el toro se ha vendido en unas condiciones, el toro debe ser lidiado, en las mismas condiciones del día de la compra. No sirve el toro falto de quilos, ni el toro afeitado, ni el toro con puntazos, ni el toro con nubes, ni nada que no se detectó o avisó el día de la compra. Es algo lógico, pero que desgraciadamente no es lo habitual.
El enemigo está dentro de casa. Éstos son los verdaderos enemigos de la fiesta, los llamados “ganaduros”, que al igual que le cortan dos dedos de pitón al toro para torearlo a puerta cerrada (cosa que es lógico), lo hacen para que las figuras te maten la corrida en tal feria y con tal cartel. Estos “ganaduros”, que son los que nos toman por el “pito del sereno”, es el verdadero peligro de la fiesta.
Y aprovechando la situación, cito a continuación palabras textuales que el prestigioso ganadero D. Eduardo Miura, comentó hace apenas unas semanas:”Los festejos populares del toro en la calle constituyen la base y una parte fundamental e importantísima de la fiesta de los toros. Por ello, debemos de saber, no sólo respetarla, sino también cuidarla”. Que tomen nota.
Un aficionado
