Fue un duro golpe. Con seguridad el más grande de toda su vida, aún sabiendo que no ha sido el único palo que le ha azotado. Probablemente el más grande que le pueda pasar a un ser humano. Una auténtica putada.
Todos los aficionados pudimos conocer la trágica noticia en cuanto sucedió. Adrián Gómez sufrió una fuerte cogida provocada por un novillo perteneciente a la ganadería de Antonio San Román, mientras actuaba a las órdenes de Miguel Luque, en Torrejón de Ardoz. Las noticias que invadían los portales taurinos no eran muy alentadoras. La lesión fue muy grave, y conforme avanzaban los días, seguíamos consternados, a la espera de que algún rayo de esperanza surgiera y aflorara a la realidad. No llegaron estos rayos. El resto, todos los aficionados lo conocemos ya.
Domingo, 26 de septiembre. 1 de la madrugada. Escucho el programa “Los toros”, que dirige Manolo Molés. Todos los que lo escuchamos nos quedamos impactados, emocionados, asombrados. Adrián Gómez hablaría en directo para el programa. Y habló. Habló por primera vez desde que sucedió el fatal accidente.
Ante muchísimos aficionados que escuchábamos aquello, Adrián ofreció toda una lección de fuerza, de entereza, de hombría, de torería. Se paró el tiempo. Fue realmente impactante. Nos quedamos acongojados. Sin poder conciliar el sueño durante las próximas horas. Su forma de hablar, su sincera expresión, su entereza y resignación ante lo ocurrido, hizo que aquella conversación se quedara grabada en mi mente. Frases que tras escucharlas, no cabía más que decir un ¡joder!. Lo dicho, auténticamente impactante.
Aquella situación hizo que llegara a preguntarme y a cuestionarme aspectos, preguntas, reflexiones, acerca de todo esto. Acerca de la fiesta. Acerca de este maravilloso mundo que engancha, que para muchos de nosotros es algo más que una afición. Preguntas que me planteé, por desgracia, una vez en la vida, y que ya, ni me acordaba de ellas.
Es lo que tiene este mundo. Es capaz de dártelo todo, capaz de darte lo que más quieres, pero también es capaz de quitártelo. Es la cara y la cruz. El hombre y el toro, socios y enemigos.
Adrián demostró ante muchísimos aficionados que él es mejor aficionado que todos juntos. Ofreció una verdadera lección a todo el mundo quien lo escuchó. Los toreros son de otra pasta hasta para esto. Y yo, tras tus palabras, me convertí en el número uno de tus seguidores y admiradores.
Benjamín Torres Górriz.


