El mozalbete miraba con asombro, no había ni persona ni cosa en la cual no se fijara, la gente paseaba por la Calle Mayor; las esposas, perfectamente vestidas cogian con orgullo el brazo de sus maridos, estos saludaban con una leve inclinacion de cabeza a las parejas que se cruzaban en su camino.
Al llegar frente a la fonda, vio una gran cantidad de gente y a la banda de música,parecía como si estuvieran esperando a alguien, de repente, se oyeron fuertes aplausos y grandes vítores. En la puerta de la fonda,tres hombres de mediana edad y ataviados con un traje raro que brillaba bajo llos rayos del Sol saludaban a los que les aclamaban.
La banda rompio a tocar un pasadoble ,, el muchcho ante esta comenzo a andar en perfecta formación seguida de los tres hombres y todo el público, después de caminar varios minutos, apareció ante la concurrencia una formación de carros que dispuestos en forma circular, hacian la vez de plaza de toros.
Las personas ocuparon rapidamente las cajas de los carros y el muchacho se acomodó como pudo detrás , de la rueda de uno de ellos, el chiquillo no perdía ripio de todo que pasaba a su alrededor. De repente el sñor Alcalde, que estaba situado en un carro más grande y perfectamente engalanado con flores y mantones, sacó de su bolsillo un pañuelo blanco que con gran solemnidad mostró al respetable, en ese mismo instante sono una trompeta con un son estridente que quería anunciar algo.
Se abrio una portezuela y apareció un toro, negro como una noche de invierno sin luna, la cabeza erguida, los pitones ligeramente vueltos, con el asta blanca y puntas negras; el toro después de dar varias vueltas al ruedo enterandose de lo que alí había, se emplazó en los medios, del burladero salió un hombre con un traje de color rosa y oro, raído con el paso de los años y, sudado por cien sudores de miedo y esperanzas.
Desplego el capote, citó al toro que embistió en linea recta al vuelo del capote que dibujaba en el aire una verónica, el muchacho ante esta visión instintivamnete se dijo para sí “cuando sea mayor seré torero”; había nacido un torero del pueblo más sencillo, que con el tiempo hará honor con su sangre a esta profesión, la más bonita del mundo.
Rodolfo Llamas Salgado
