Durante el tiempo que Salvador cuidó de mi yo era casi añojo y allí junto a la cerca, alejados del resto de la manada, surgieron nuestras confidencias. Mira “Nostálgico”, me dijo Salvador, “tus antecesores proceden de centroeuropa pero solamente en la Península Ibérica quedan vestigios de vuestra estirpe y de no haber sido por el pueblo español, que lleva en la sangre la fiesta de los toros, tu no habrías nacido. Sé que te resultará difícil de comprender, prosiguió Salvador, pues vivirás aquí cuatro años de tu vida, cuatro años en los que contarás con todas las atenciones antes de ser seleccionado para semental o ser lidiado en una plaza importante. Este primer año lo has pasado al lado de tu madre y ahora, junto con el resto de machos de la manada, te irás a vivir lejos de ella.
Empezará para ti una nueva vida llena de retos, lo mismo que empezó para mí cuando falleció mi padre y fui nombrado mayoral. Mas adelante, cuando llegues a eral, serás sometido quizá a la prueba más importante de tu vida junto a la de la lidia: la tienta, aunque es posible que te excluyan de ella y te seleccionen directamente dada tu reata”.
No entiendo nada de cuanto me dices Salvador, le comenté.¿Qué es eso de la fiesta de los toros en España, sin la cual yo no existiría?. ¿Por qué he de separarme de mi madre?. ¿Adónde nos llevan a los machos?. ¿Qué es eso de la tienta y la lidia?.
Salvador se sentó y apoyó la espalda en una robusta encina. Echó hacia atrás la gorra que cubría su cabeza y de un bolsillo del chaleco sacó una cosa que llamaba petaca y vació en la mano izquierda parte de su contenido, una especie de hojarasca seca; de otro bolsillo sacó un papel y comenzó a envolver la hojarasca mientras me decía: “Nostálgico”, lo que me preguntas es muy difícil de explicar. “Mira, tú eres un animal fiero y bravo, uno de los pocos animales, quizá el único, que se crece ante el castigo; un animal que pelea, que nunca se da por vencido, que se defiende atacando.
Perteneces a los ancestros del pueblo español, eres parte de su idiosincrasia y no hay apenas lugar en España que no viva sus fiestas sin tu presencia“.
Interrumpió Salvador su explicación mientras se llevaba a los labios la hojarasca envuelta en papel. Suspiró y, con la mirada perdida en el horizonte, me dijo: “Tienes que separarte de tu madre porque es ley de vida, también yo tuve que separarme de la mía y marcharme a ganar el pan.
Existen unos animales de una especie parecida a la tuya que sirven para alimentar al ser humano y para ayudarle en las tareas del campo. Parte de ellos, mucho antes de ser añojos como tú, son apartados del regazo de su madre y llevados a lugares que llaman mataderos, donde son sacrificados.
Podría contarte mil cosas que yo se que sé hacen con otros animales pero… mejor lo dejamos, me expreso torpemente y quizá te contase alguna cosa al revés“.
Miré fijamente a la manada de vacas y becerros como queriendo trasmitirles todo cuanto había escuchado, mientras Salvador apuraba hasta el límite el humeante papel lleno de hojarasca que previamente había encendido. Todo era paz en la dehesa, apenas el trino de algún pájaro y el zumbido de las moscas rompía el silencio. Volví la cabeza hacía Salvador y le insistí:
¿Adónde nos llevan a los machos?.
“En primer lugar, respondió Salvador, sois llevados a un cercado donde se os quita el crotal y se procede a herraros con el número de orden de nacimiento, el hierro que identifica a la Ganadería, el de la asociación a que ésta pertenece y el guarismo correspondiente a la última cifra del año ganadero en que nacisteis. A partir de ese instante retornáis al campo buscando consuelo a lado de vuestras madres, como acto previo a la despedida, antes de separaros definitivamente de ellas. Mas tarde, alguno de vosotros será lidiado en festejos menores y otros disfrutaréis de la placentera vida en libertad hasta que llegue el momento de la tienta, si ésta se produce. Vivirás siempre con los de tu edad “Nostálgico”, de eral, de utrero y de toro; ¡tú estás destinado a plaza de primera!”.
Hizo una pausa Salvador en su relato, dudando quizá si seguir o no contándome lo que me esperaba. “Cuando seas cuatreño, dijo, serás lidiado en una plaza de toros. Abandonarás la dehesa y serás llevado junto con seis o siete de tus compañeros y formarás parte de un espectáculo, de un rito, de una ceremonia en la que serás protagonista principal. Demostrarás tu bravura y tu fiereza y colaborarás, junto con el torero que te lidie, en algo muy hermoso, en algo que han cantado músicos, poetas y escritores; en algo que engancha, emociona y apasiona; serás recordado, figurará tu nombre en la Ganadería al lado del de tus antepasados y hermanos, para orgullo del ganadero“.
No creas, “Nostálgico”, continuó Salvador, que esto es siempre así. “Se corre el riesgo, a veces, de que los hombres -imperfectos ellos- no hagan las cosas bien y te maltraten y sufras. Es algo que puede ocurrir pero, por encima de todo y no se te olvide, existes gracias a esta fiesta y debes sentirte orgulloso pues, no solamente escribirás páginas de gloria en la enciclopedia de la Tauromaquia, también, y gracias a la existencia de tu especie y de la fiesta, seguirán ganándose el sustento miles de familias“.
¡Eh!, toro, ¡eh!. Toro, ¡eh! toro. Era la voz de Salvador -que me devolvió a la realidad- conduciéndonos a un cercado donde pasaríamos la noche antes de ser embarcados a la mañana siguiente.
Contemplé por última vez el cielo de Extremadura y me recosté junto a la tapia del cercado. Caía la noche y en la dehesa sólo se oía a las cigarras y el mugido de algún semental receloso. Volví a recordar alguna de las confidencias con Salvador: “….existes gracias a esta fiesta y debes sentirte orgulloso pues no solamente escribirás páginas de gloria en la enciclopedia de la Tauromaquia, también y gracias a la existencia de tu especie y de la fiesta, seguirán ganándose el sustento miles de familias”.
Sumido en esta reflexión me venció el sueño.
Boni Elías
