
Hacía meses que se hablaba de ello en la ciudad del Pisuerga. Se esperaban ansiosos los carteles que confirmaran la presencia y la terna acompañante del diestro de Galapagar. Y ahí estaban por fin, de telonero uno de la tierra, Manuel Sánchez, repitiendo posición y cerrando festejo el joven que está removiendo el Olimpo de los toreros: Miguel ángel Perera.
¡Qué cartelón! Como el resto. Gran abono el de La Virgen de San Lorenzo 2008.
Pero, una vez alabado esto y aquello, los ojos ávidos se posaban en la tarde del día 11. Se preveía el bullir de taquillas, contactos y como no, reventas. Se sabía que el cartel de “no hay billetes”, que debía estar criando polvo, se volvería a dejar ver por esos lares, así que cada cual se sacara las castañas del fuego para conseguir una localidad.
Se cumplieron todas las previsiones. Colas, expectación, reventas nerviosos y dos palabras repetidas: Jose Tomas.
Allí estaba por fin, de rojo y oro, pensativo. Muy serio en su oficio, apoyado en las tablas del callejón. “Hazle fotos al maestro”, me alentaban dos hombres que se habían traído su devoción desde Bilbao. “Si cobra tanto, debe hacer tanto más”, decía otro tendido abajo. Opiniones para todo pero todos allí para ser juez y parte. Salió por fin el segundo, anovillado es decir mucho, agalgado se acerca más, encastado, quite por chicuelitas, verticales tandas por la derecha, manoletinas y estocada. Una oreja y ganas de ver algo más.
Pasada la primera conmoción salió al albero Perera “Y este chico ¿Quién es?” preguntaban algunos, inocentes, poco enterados, pues “este chico” vienen arreando fuerte desde el año pasado. “Que se agarre los machos J.T” pensé al ver el ajustado quite por gaoneras al sobrero de La Palmosilla. Muletazos profundos por el derecho, tan ligados algunos como uno solo. Se enamoró el toro de la voz y mando del Pacense, ciñéndose al animal cuando éste se fue apagando. Y de broche final: bernardinas y estocada en todo lo alto. Dos orejas de ley. Ahí estaba “este chico”, reclamando otra tarde lo que es suyo y debía demostrar a la afición pucelana.

Bendito Jose Tomas y la empresa que habían llenado esa tarde la plaza, y sobretodo, benditos los que hicieron colas esa tarde, y la siguiente, pues si su boca suspiraba por ver al madrileño, sus ojos se regalaron con el valor, el arte y la madurez temprana de Miguel Ángel Perera.
Patricia García Herrero



