El mes de Mayo supone por pura tradición una fecha llena de verdad para el calendario taurino, porque se acercan ferias de regusto del Sur además de las completas corridas de San Isidro, y otras tantas en el país vecino del norte.
Sin embargo, me llena de tristeza algunos de los acontecimientos ocurridos en estas fechas que me dan a entender que el camino que se busca es del espectáculo y no el del toreo. Nos alejamos de la tauromaquia pura y entramos en una dinámica de entretenimiento de las masas.
Del circo nos diferencian muchas cuestiones, pero tengo la impresión de que cada día nos acercamos más a ese concepto y nos alejamos del sentido del toro bravo.
En la matinal de Nimes el pasado Domingo, José Antonio “ Morante de la Puebla “ , uno de los toreros que más reconozco en la actualidad , me decepcionó profundamente. Para acompañar su faena, pidió un instrumento propio de una tauromaquia incluso anterior a la Edad de Oro, una silla. La utilizó el diestro sevillano tanto para el inicio de la faena con ayudados por alto como para la finalización de la misma, esperando la muerte del toro de Juan Pedro sentado.
El público entró en júbilo y se le concedió dos orejas y rabo, las crónicas taurinas dominicales fueron de alabanza y las revistas semanales enuncian que ha vuelto el toreo a la vieja usanza. A todos ellos, en mi humilde opinión , se les olvida algo fundamental para esto , el toro bravo.
Me niego rotundamente a creer y a publicar, que aquello que se le haga a un inválido como este Juan Pedro Domeq tenga la más mínima relevancia. Nada, absolutamente nada de lo que se haga en la plaza tiene importancia sin toro.
El toro no embistió, se movió, mostrando falta de raza y casta en todo momento y lo más importante señores, no se puede olvidar que la muerte del toro bravo no es a los pies de un señor sentado en una silla, es en el centro de la plaza y con la boca cerrada, contendiéndose y aprovechando hasta la última gota de sangre de su cuerpo para vivir un segundo más.
A todos los franceses que pidieron con entusiasmo los trofeos les diría en primer lugar, que bravura es lo que lidiaría Cuadri en Madrid cinco horas después, con una corrida de impresionante trapío y con un promedio de 606 kg., y como segunda conclusión, que observasen algunas fotos de tauromaquia añeja para ver los pitones del toro de antaño así como los numerosos factores que sí convertían el hecho de torear sentado en una silla en una imagen llena de torería.
Algunos declararán la plaza de toros de Nimes como importante patrimonio cultural, yo declaro, que gracias al señor Simón Casas, es la plaza donde se pueden ver las peores presentaciones de corridas de toros del panorama taurino.
Los principales partidarios de una fiesta light, que cada día se acerca más el concepto de circo ( un lugar lleno de payasos con animalitos fieros pero domesticados a más no poder) , son las propias figuras del toreo. Taurodelta tuvo la genial idea de convertir la corrida de la prensa en un festival de luces en el que a Perera y Cayetano le acaban de echar los toros que ellos mismos eligieron para atrás , por falta de trapío, imagínense que tipo de toro desean que veamos los susodichos.
A Francisco Rivera Ordoñez le escuché en unas declaraciones que estamos perdiendo el sentido del toro bravo, que sólo nos fijamos en los pitones, al mismo tiempo que decía que a la plaza deben ir las personas a divertirse, que ser entendido no se lleva con ningún carnet.
No sé a ustedes pero a mi estas declaraciones me suenan a intención de montar un circo en el que a parte de sillas, puedan utilizarse dentro de poco panderetas o aros con fuego.
Como he dicho otras veces, ser figura del toreo es mucho más que dinero , coches y otros bienes materiales. Ser figura del toreo es matar todo tipo de toro en cualquier tipo de plaza , y ese es el camino que hay que seguir . Lo siguen, entre otros , dos hombres. El primero es bajito y de Murcia, se llama Rafael, Rafael Rubio “ Rafaelillo” , y reventó Las Ventas ante una encastada corrida de Dolores Aguirre , y el segundo monta a caballo y se llama Leonardo Hernández , y en tres tardes entre Sevilla y Madrid ha cortado un total de siete orejas.
Ambos me entusiasman por su sitio y forma de hacer el toreo. Seguro que se ganarán, si no lo tienen ya , el respeto de los más grandes aficionados y lucharán por una fiesta de verdad , alejada de imitaciones “light q”ue se venden, a caro precio y al sur de Francia.
Francisco J. Cabacas

