
José Liria Fernández nació en Cehegín (Murcia), el día 10 de mayo de 1970. La primera vez en su vida que toreó de luces fue en la localidad murciana de Los Barqueros, el 14 de septiembre de 1988, dónde actúa en la parte seria del bombero torero.
Debuta con picadores en Cehegín, el 8 de abril de 1990, con reses de Soto de la Fuente y compuesto el cartel por Vicente Bejarano y Miguel Carrasco, obteniendo un balance de tres orejas y un rabo.
Su debut en Madrid fue el 29 de abril de 1993, con Jesús Romero y Juan José Trujillo, en el cartel y con novillos de Juan Antonio Ruiz Román “Espartaco”, cortando 1 oreja a un sobrero.
Tomó la alternativa el 11 de septiembre de 1993, en la plaza de toros de La Condomina, Murcia, con toros de Torrestrella, y teniendo como padrino a José Ortega Cano y como testigo a Finito de Córdoba. El toro de la alternativa se llamó Banquero, negro zaíno, 500 kilos de peso y marcado con el número 56.
Confirmó la alternativa en Madrid, el 27 de marzo de 1994, apadrinado por David Luguillano y como testigo Óscar Higares. El toro de la confirmación se llamó Piconero, negro listón, bragado y meano, 503 kilos de peso, herrado con el número 44 y con el hierro de Manuel Angel Millares.
También confirmó la alternativa en la monumental Plaza de toros de Insurgentes, Mexico, el 3 de marzo de 2002, con toros de Barralva y como compañeros de cartel a Antonio Urrutia y a Rafael Ortega. La confirmó con el toro Gironito, herrado con el número 7 y con 490 kilos.
Son los datos más importantes de la carrera del torero murciano, un torero que se retiró de los ruedos ayer en Murcia, estoqueando seis toros, mas el sobrero, de distintas ganaderias, obteniendo 7 orejas y un rabo.
Ayer se fue un gladiador del toreo, un hombre que hasta última hora ha estado luchando tarde a tarde para conseguir más contratos, al que a veces se le ha sido injusto. El mismo dice que su carrera ha sido muy dura, pero que nunca pensó en tirar la toalla. 15 años como matador de toros, mas de 800 festejos a sus espaldas y siempre dando la cara en el ruedo, por ello, pagando muchas veces con cornadas. Obtuvo el respeto de las plazas más importantes, sobre todo de la de Pamplona en donde fue, es y será todo un Dios. Alli le tienen hasta cánticos (Pe-pín y tres palmadas).
En fin, se fue un grande, que se ganó el respeto casi siempre con las corridas denominadas duras, y que quedará siempre en la memoria de los aficionados las ganas y la entrega que tuvo siempre Pepín Liria. Hasta siempre, torero.
Juan Casas


