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Tag | Relatos

Festival benéfico en Algeciras

Publicado el 19 Enero 2010 by Redacción | Comentarios (0)

angel-perera-toreando

La plaza de toros de Las Palomas de Algeciras acogerá un festival benéfico el próximo 6 de marzo en el que actuarán tres matadores de toros y dos novilleros.

Los diestros José Cantero, Emilio Laserna, Juan Pedro Galán y los jóvenes Salvador Barberán y Antonio Rosales son los elegidos, que lidiarán reses de la ganadería gaditana de Salvador Domecq.

Reflexiones en la dehesa I

Publicado el 18 Octubre 2009 by Redacción | Comentarios (0)

Recuerdo los cuidados iniciales que me propició mi madre y cómo Salvador me descubrió tras la retama cuando, tambaleante aún, daba mis primeros pasos.

Ahora, después de cuatro años largos, rememoro la infancia y las conversaciones con Salvador, el hombre que me ha cuidado desde entonces y que apenas hace unos momentos me decía: “Nostálgico, prepárate para embarcar, partimos hacia una plaza de primera”

Imagen 1

Contemplo por última vez la dehesa viendo el tranquilo rumiar de la manada de utreros sesteando junto a una vieja encina. En lo alto del cerro mugen mis compañeros, como queriendo entonar un cántico de despedida. No es un cántico triste, es un bramar esperado, un adiós, un punto y final a cuatro años que quedan atrás; un cántico distinto al que entoné cuando murió mi amigo “Labrador”, corneado por “Rumiante” en fiera lucha por el liderazgo del grupo.

“Labrador” debió nacer el mismo día que yo, pues apenas prendió Salvador el crotal en mi oreja -hecho que propició mi primer llanto- apareció tras los matorrales y no lucía el pendiente que ambos llevaríamos, como seña inconfundible de identidad, hasta el día del herradero.

Demostré mi condición de bravo al colocarme el crotal, pues a la primera reacción de dolor siguió otra de defensa y arremetí contra Salvador que, sonriendo, me dijo: “No seas quejicoso, cuando yo nací me dieron un azote en la nalga”. Fue mi primera lección con aquel hombre que más tarde me herró, vacunó y siguió con atención mi vida en la dehesa.

El llanto alertó a mi madre que acudió en mi defensa confundido su mugido con el ladrido de los perros que rodeaban a Salvador mientras, a la grupa de un caballo tordo, escribía notas en su libreta.

Más tarde me aclaró que en aquella libreta anotó la fecha de mi nacimiento, mi nombre y el de mi madre, cuya identidad descubrió cuando, presurosa, se aproximó a protegerme. ¡Cuánto sabía Salvador!.

Me fui tras de mi madre, buscando instintivamente y con torpeza su ubre en un primer intento de saciar el hambre. Salvados los matorrales, apareció ante mis ojos una inmensa pradera de un verdor exuberante, donde una manada de vacas, acompañadas de becerros como yo, interrumpió su pastar al notar nuestra presencia. A lo lejos divisé a Salvador, que se alejaba a lomos de quién luego supe se llamaba “Lucero”. Caía la tarde en la dehesa en este primer día de mi vida, mientras el sol se ocultaba tras el cerro desde donde cuatro años después me dirían adiós mis compañeros.

¡Qué dichosa fue mi vida de becerro!. Comer y sestear bajo la atenta mirada de mi madre, siempre protectora, siempre vigilante, atenta a cuanto sucedía en nuestro alrededor. De vez en cuando aparecía Salvador tras la cerca, observando nuestros movimientos, acompañado siempre por sus perros, dispuesto a socorrernos si era preciso. Recuerdo el día en que se extravió “Labrador” y como su madre le buscó llorosa acompañada del resto de la manada. Todo fue en vano pues “Labrador” no apareció y lloramos su ausencia, hasta que Salvador, a lomos de “Lucero”, le retornó a la manada después de encontrarle mugiendo entre unos matorrales.

La vida en la dehesa transcurría placentera. Ninguno de los becerros de la camada podía imaginar que pronto el destino nos llevaría a ser apartados del cuidado de nuestras madres.

“Nostálgica”, mi madre, al igual que el resto de las vacas de vientre, ya había vivido esta experiencia, pero su instinto maternal permanecía intacto. No era la misma de días anteriores, presagiaba algo. Ese instinto maternal la llevó quizá a ese estado de nerviosismo que me contagió y obligó a Salvador a cuidar de mí. Fue entonces cuando supe de mi destino, cuando supe de mis orígenes y como, gracias a la fiesta de los toros en España, se pudo perpetuar mi especie.

Continuará…

Boni Elías

Relatos taurinos – En el recuerdo, José Cubero “Yiyo”

Publicado el 14 Agosto 2008 by Redacción | Comments (2)

Cuando llega Agosto, me vienes a mis recuerdos José. Siempre hay algún día que pienso cómo me ¨enseñaste¨ a ver el durísimo, precioso y fascinante mundo del toro. Yo aun era un niño, pero hacía tiempo que me apasionaban los toros.

Recuerdo que mi abuela me compraba las primeras revistas de Aplauso, aquellas en las que salía el toro cornalón, que solo de verlo, te ¨echaba patrás¨. 

Yo las leía, las ojeaba, las volvía a ojear y me quedaba totalmente maravillado por aquel mundo tan mágico.
No puedo olvidar aquellas fotos y crónicas, que no comprendía muy bien pero que algo tenían de especial, porque realmente ya me encandilaban.

Un año antes, me sobrecogí al ver morir a Paquirri y no podía ser que otro año después muriese el torero que más me gustaba entonces. No lo podía creer.

Cuando llegaba a mis manos el ejemplar de Aplausos de la semana lo primero que hacía era ver como habías estado, cuáles eran tus compromisos y aunque los demás toreros me gustaban, tú eras especial. Lo tenías todo para ser el más grande. Toreabas como un ¨Príncipe¨.

Tus fotos y crónicas eran recortadas de mi revista preferida doliéndome mucho tener que destrozar aquella edición, pero tú merecías estar aparte, te tenía que tener en otro rincón, tú lo merecías.

Muchos niños de mi edad tenían ilusión por ver su primer partido de fútbol, mi ilusión era verte de ¨verdad¨ . Faltaba poco y mis padres me prometían que cuando vinieses a Castellón me llevarían a verte.
 
Recuerdo que un día de Agosto, hacía calor, mucho calor y cuando me levantée mi madre entro en mi habitación con una cara diferente a los demás días. Me abrió la ventana y me dio los buenos días, pero no eran como siempre. Algo raro había pasado, no cabía la menor duda.

Se sentó sobre mi cama, yo la miré y solté un tímido: ¿qué pasa?  . Ella me dijo: Un toro a matado a tu torero: El Yiyo ha muerto.

No me lo podía creer, era la misma situación que un año antes, pero esta vez eras tú, el Príncipe.  Corrí a ver si era verdad y pregunte a mis familiares. Todas las respuestas coincidieron, era cierto.

Cuando por fin pude ver las imágenes por la televisión, me di cuenta de la tragedia tan grande que acabábamos de vivir.

No tenía ganas de nada, hubo un tiempo que parecía que los toros no tenían un sentido para mí, no podía entender como aquello tan precioso podía convertirse en algo tan horrible, además esa ansia por abrir mi Aplausos y no verte, era algo realmente desagradable. Ya no había prisa por acudir a la plaza de Castellón a verte de ¨verdad¨.

Con el tiempo fui comprendiendo que es parte y grandeza de la mejor fiesta que conozco, más que fiesta, jugarse la vida con la mayor verdad que existe y existirá.

Han pasado muchos años y aun te recuerdo en aquel video que tenía. Aquel chico con cara de buena persona, con su traje burdeos, toreando en Madrid…

Aquel chico, que luchaba como lucharon los toreros de antaño, por poner a su gente en una vida mejor y por ser los más importantes en el mundo taurino.
Aquel chico de la foto con la eterna mirada y la paloma en sus manos.
Aquel chico que luchó desde crío, para ser el más torero de todos.
Aquel chico, que dejó su vida ante su público en la arena de una plaza de toros.
Aquel chico, al que me hubiese algún día gustado estrechar mi mano y decirle ¡gracias Maestro!!!
¡Maldito Burlero!

Desde aquí solo me queda como siempre un año más, decirte que aunque para muchos solo fuiste un torero que prometía, para mi fuiste MI torero, el que me enseñó lo bonita y dura que es la vida, el que me enseñó a ver los toros, a sentir mi afición…

Alguien a quien ni tan siquiera pude llegar a ver en persona, alguien a quien tan siquiera llegué a conocer, pero alguien al que tengo como de las personas más importantes que han pasado por mi vida.

Por siempre, José Cubero ¨Yiyo¨
¡Gracias Maestro, gracias Príncipe!

Iván Colomer Gozalbo

Recomendaciones de nuestra Tienda Taurina

Agenda Taurina 2008

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Con la colaboración de Tiendatoro.com

Relatos taurinos – Carlos Escolar “Frascuelo”

Publicado el 05 Agosto 2008 by Redacción | Comments (2)

La única y principal intención de estas lineas, es rendirle homenaje a un gran torero. 

No es un torero de arte, propiamente dicho, de pellizco, de duende, de magia, pero sí es un torero de verdad y pureza que, por supuesto, también eso también tiene su arte.

Para una mayoría, es un torero más. Para algunos quizás un desconocido. Para otros un torero modesto. Para mí, es signo de torería, sacándolo un poco de contexto, es para mí un torero de culto. 

Admirar fotografías suyas es como ver la creación de un poema, algo por componer. Su rostro, su mirada, sus manos, su cuerpo, son dignos de cualquier pluma esperando plasmar renglones escritos con alma. 

Su piel arrugada, curtida por el paso del tiempo, por las tardes de esperanza, de gloríaa, de tragedia, de sed de triunfo. 

Esa mirada penetrante, seria, paradigma de torería añeja. 

Su cuerpo maduro, pero con capacidad de sentirse y expresarse como si de un chaval se tratase, que empieza en esto, cuando se enfunda  el traje de luces. 

Esas manos hechas para realizar, con capote y muleta sus mejores obras. 

Me recuerda a esos toreros de antes, aquellos que se curtían en las peores batallas, aquellos que ante todo trataban de ser alguien en el toro y poder sacar a los suyos adelante. Aquellos que no les importaba el ganado a lidiar a cambio de destacar sobre sus compañeros. 

Es pues, una de esas personas que solo con verlas, aunque sea vestido de calle, sabes que es torero. 

Nunca nadie le regalo nada, fácil tampoco se lo pusieron, pero el hombre eligió un camino a seguir, no sin sortear muchos obstáculos, casi en silencio y muy poquito a poco, se hizo un hueco, digno de admiración. 

Ha pasado ya mucho tiempo y tenemos ante nosotros a alguien con el reconocimiento general del aficionado, del buen aficionado. Esto, viendo como esta montado este tinglado, no es poca cosa que digamos. 

No se lo que pensará el maestro, cuando se levante cada día, pero estoy seguro que piensa que aunque no haya llegado a ser figura del toreo, se pueda sentir orgulloso de todo lo alcanzado y por supuesto, de haber elegido esta mágica profesión. 

Cuando pienso en él, se me viene a la cabeza, la figura de un valiente romántico, vestido de luces, aguardando tímidamente su momento de gloria, en ese patio de cuadrillas, con el fondo de ladrillos de caravista. 

No fue su nombre un habitual de los carteles de las grandes ferias, pero es curioso…siempre lo fue de Madrid, su Madrid. 

Es verdad que muchos aficionados que nos guiamos por los nombres de las figuras, de las plazas de renombre, de las grandes ferías pero también es verdad que , muchos de nosotros, estamos pendientes de esos nombres casi en el anonimato, misteriosos, que asoman tímidamente en algún que otro cartel, a lo largo de la temporada. 

Gente que ocupa un mal llamado, segundo plano, pero que tanta falta hacen en la fiesta, tan comercializada. Temporada tras temporada aguardan su turno,el momento clave, la larga espera, la faena soñada. Luego, pasan de puntillas, en muchas ocasiones, pero en su poder está y en el de sus oponentes,cambiar el rumbo. 

Del oscuro silencio, vuelven al brillo propio. Ese es en muchas ocasiones, el caso del maestro. 

Podría retroceder en el tiempo y elegir una fecha, una situación, pero no voy a mirar allá, lo haré, a hace apenas unos meses: Madrid, feria de San Isidro, en el patio de cuadrillas, tres valientes. En chiqueros Cuadris, con remiendos de San Martin, solo de escribirlo, asusta. 

Toda una ¨oportunidad¨ o ¨regalazo¨, como mas guste llamarlo. Cuando pisó el albero, sentí el mismo miedo, que admiración. Era una mezcla de sensaciones, pero en ellas me destacaba una,la alegría. 
Alegría por ver de nuevo a unos de mis toreros, dispuesto a demostrar una vez mas ese arte, esa torería, ese romanticismo puro. 

Yo mismo me decía, si viendo eso por la televisión, me sentía así, ¿qué hubiese sido de mi estando sentado sobre algún tendido de Las Ventas? 
Allí estaba él, en su feria, en su plaza, con su gente, aun a sabiendas a lo que se iba a enfrentar. 
Estoy seguro que bien poco le importaba al maestro, ante todo quería regalarnos una vez mas sus dosis de sabiduría torera. 

Si no hubiese sido el, la primera reacción mía hubiera sido pensar: ¡este tío esta loco!, pero tratandose de quien era, sabia que mandaba el corazón. 
Finaliza el paseillo, las Ventas rugen, no con ¡olés!, si no con el aplauso de agradecimiento a tantas tardes vividas gracias a él. 

Para alguien del publico, pensé yo, igual les resulta extraño ver salir a saludar a uno de los toreros veteranos, incluso llegue a pensar, que podría hasta no ¨sonarles¨ su cara, pero estoy también muy seguro, que la respuesta se resuelve con un simple: le aplauden porque es el maestro Frascuelo. 

Lo que hizo después, es bien sabido por todos, no es plan de que yo ponga la crónica de su corta, pero intensa faena. 

Doblándose por abajo, con gusto exquisito, tanda con la derecha, con la izquierda naturales rematando bien atrás, pero ante un pupilo de San Martín: ¨¡Casi ná!” 

El toro desperdigaba la vista y se iba enterando, el maestro no quería irse de vacío, pero acabo ganando la partida el cárdeno. 

De nuevo, cúmulo de sentimientos, esta vez, no tan gratos. Pena, dolor, tristeza, , pero por encima de todo, impotencia, rabia. 

Entre aplausos se despide el maestro, no de triunfo precisamente, sino de dolor. Sus ilusiones por los suelos, las nuestras también. 

Pasó el tiempo y como siempre sucede en estos casos, después de colmar unos días la información con fotos y partes de las cornadas, el olvido, una vez más, se hace presente, todo vuelve donde empezó, en el frío silencio. 

La fiesta sigue y el torero seguirá luchando en su refugio, para volver como siempre lo ha hecho, fuerte, con ganas, con ilusión…

No tengo el gusto de conocerle, por desgracia, ni sé cual habrá sido su preparación, pero me gusta imaginármelo, como cualquier jovenzuelo con ganas de toro. 

Gracias a un amigo, me entero que el maestro está totalmente recuperado, que incluso se divisa una fecha, una plaza de toros,un cartel. 

Aparece una vez mas en mi cara aquella sonrisa, que meses atrás apareció el día que D.Carlos hizo el paseillo en Madrid. El hombre de mirada seria, torera, penetrante, mágica, misteriosa, se volverá a enfundar a su edad, un traje de luces una vez más. 

Se sentirá de nuevo, lo que es y será toda su vida…TORERO y no dudo de que esa sonrisa que anteriormente aparecio en mi, ahora sera suya. 

Una ¨recompensa¨ más que añadir a su larga carrera, el regalo, dos toros en un pueblo de Madrid, ganaderia: San Martin…sobran las palabras. 

Solo pido que ese día escriba una pagina más en el libro del toreo, una página de esas que solo usted, es capaz de escribir. 

Con esto termino mi pequeño homenaje, sencillo y sincero, para alguien por el que siento desde hace años una admiracion tremenda. 

A veces me pregunto porque nos tenemos que estar perdiendo a toreros como el maestro y teniendo que tragar con lo que nos imponen. 

Mejor no darle vueltas y seguir creyendo en que a cuentagotas, existen personas como él. 

Con todo mi cariño, para Carlos Escolar ¨Frascuelo¨…TORERO DE MADRID.

Iván

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