
Siete orejas y un rabo. Nîmes, tarde cumbre, histórica, pera el recuerdo. Así ha festejado Julián López “El Juli” sus diez años como matador.
Fue el chiquillo precoz de la tauromaquia, el adolescente que llegó a liderar el escalafón, un estimulo que llenó plazas ansiosas por recrearse en las manos firmes del niño – torero. Pero el crío ha crecido, en años y mañas, ha madurado, ahora es profundo, paciente y sabio.
Recuerdo que la primera vez que le vi torear me turbo sobremanera. Rondaba el año 2000, a pocos de su alternativa. San Juan de Junio en Medina de Rioseco, durante el ya desaparecido Festival Taurino de los hermanos Peralta. La plaza a rebosar y un calor sofocante, y en el ruedo, sobre el albero, David frente a Goliat. Muy joven era El Juli, pero más era yo y sufrí mucho viéndole arrimado a los pitones del toro. Mucha congoja si, pero también admiración. Ahí estaba el niño, haciendo realidad sus sueños en este duro oficio. ¡Y yo que pensaba que eso de torear era cosa de hombres capaces, maduros, con manos fuertes que dominaran los fogosos embites! Y ahí le tenía, tan frágil de luces vestido, como un querubín de angelicales rasgos, ¡bendita inocencia infantil!
Volví a cruzarme con él la pasada semana en Valladolid. Abría cartel con sus apenas 25 años, precediendo a toreros de su misma quinta. Muchos años habían pasado desde entonces y el niño prodigio era ya uno de esos hombres. Atrás quedaban los años duros, de evolución frustrada, cuando toda la dureza y las exigencias de ese mundo amenazaban con hundirlo. Había abandonado el toreo bullicioso, el menos popular y luchaba por alcanzar la meta del perfeccionismo, de la hondura y la pureza. Se había enfrentado al retiro inesperado de José Tomás cuando ambos eran los pilares claves del toreo, y allí quedó solo, monarca gobernante en un ambiente hostil de aficionados exigentes, presidentes discrepantes y empresarios y ganaderos adversos. Diez años de gloria y de lucha que habían mellado en el diestro.
No jugo la fortuna a su favor el viernes en Pucela, topo con el peor lote, un primero con genio, que no bravura y un cuarto desrazado, sin clase. Anduvo el torero serio, preciso, con arrimones a su segundo, y eficaz con el que abrió plaza, pero fallo a base de aceros.
astima que no acompañaran los toros, pues me quede con ganas de disfrutar de la etapa madura del matador, la cual, estoy segura, ha desbordado esta tarde en el coso nimeño.
Y es que, como dijo Luis Nieto una vez en el Diario de Sevilla: “El Juli ya no es El Juli, es ya Don Julián”
Enhorabuena Maestro.
Patricia García Herrero






