
Once de la mañana del martes 16 de Septiembre. Las poderosas pezuñas de “Valentón” enfilan hacia el puente que separa la villa de Tordesillas de La Vega. Más de 32000 espectadores son testigos de un rito taurino ancestral cuyo origen medieval lo avala como uno de los más antiguos de España.
El animal, tras ocho minutos de recorrido, alcanza su destino. El torneo de El Toro de la Vega da comienzo.
Los lanceros, infantes a pie o hidalgos caballeros, se enfrentarán a él a cuerpo limpio, sin engaños, portando una simple lanza en sus hábiles manos. La res, de astas recias, luchará, cayendo en muerte gloriosa o alcanzando el premio máximo si supera los límites marcados: el indulto. Una batalla antigua, de instintos arraigados, la del hombre sometiendo las fuerzas indómitas de la naturaleza.
Tristemente este acto se ve empañado cada año por las disputas y altercados que enfrentan a los habitantes de Tordesillas con grupos antitaurinos.
Se deben respetar las ideas de estas asociaciones, pues cada cual es libre de opinar y de manifestarse a favor de ellas. No espero ya que ellos intenten atender las nuestras, las razones biológicas, ecológicas y culturales con las que defendemos el mundo taurino. Pero por una vez me gustaría que intentaran profundizar en los sentimientos de los defensores de ritos como el aquí descrito o el de la propia Fiesta. A veces pienso que son incapaces de concebir el solemne respeto que los aficionados y profesionales del oficio manifiestan hacia el toro de lidia.
Cuando un torero se planta a su merced en el ruedo o cuando un lancero recorre valeroso la Vega en pos de su oponente, está considerando al toro como a un igual. Ambos al mismo nivel, uno frente a otro, combatientes, guerreros. O mejor, que observen a los mayorales y ganaderos, que crían, conocen y aman a sus animales más allá de lo que puedan imaginar.
Estas afirmaciones pueden considerarse vehementes o parecer un burdo intento de defensa propia, pero si quedan dudas de ello, si tienen un momento, busquen las ordenanzas del tercer capitulo del reglamento del Toro de la Vega.
Aquí les dejo con un resumen de ellas, una muestra sincera de lo ya dicho:
“Que se trate al toro con la dignidad y honor que su categoría de torneante le confiere y que nadie ose tratar mal al toro, ni vivo ni muerto, ni de palabra ni de obra”.
Patricia García Herrero
